La muerte de Iván Carvajal deja a Ecuador sin una de sus voces intelectuales más hondas. Poeta, ensayista, filósofo y profesor universitario, dedicó buena parte de su vida a pensar el país, la cultura y la condición humana. Pero hubo otra dimensión de su trayectoria que Fundamedios quiere recordar especialmente: la del ciudadano comprometido con la democracia y las libertades fundamentales.
Iván no llegó a esas causas desde Fundamedios ni necesitó de ninguna organización para asumirlas. Fueron parte de sus propias convicciones intelectuales y éticas. Precisamente por eso, en algunos de los momentos más difíciles para la libertad de expresión en Ecuador, su camino y el nuestro confluyeron.
Ocurrió durante los años en que el poder político convirtió la confrontación con la prensa y las voces críticas en una práctica sistemática. Periodistas y medios enfrentaron campañas de estigmatización, procesos judiciales, sanciones administrativas y hostigamiento desde las más altas esferas del Estado. Las organizaciones de la sociedad civil que denunciábamos esos abusos también terminamos convertidas en objetivos.
En aquellos años, Iván estuvo entre los intelectuales que decidieron hablar.
En febrero de 2012 fue uno de los escritores y ciudadanos que suscribieron un pronunciamiento contra la persecución de periodistas ecuatorianos y las restricciones a la libertad de expresión. Eran los días de los procesos contra Juan Carlos Calderón y Christian Zurita por El Gran Hermano y de la condena contra Emilio Palacio y El Universo. Fundamedios denunciaba esos casos desde el ámbito de la defensa de derechos humanos; Iván lo hacía desde el lugar que había construido durante décadas como poeta, filósofo e intelectual público.
Las voces venían de lugares distintos. La defensa era la misma.
Volvimos a encontrarnos cuando la Ley Orgánica de Comunicación convirtió en norma buena parte de aquella concepción restrictiva de la libertad de expresión. Iván estuvo entre los ciudadanos que acudieron ante la Corte Constitucional para cuestionar la constitucionalidad de esa legislación, en una acción que promovimos desde Fundamedios y la Asociacion Ecuatoriana de Editores de Periódicos, AEDEP.
No era una alianza circunstancial ni una coincidencia partidista. Era una confluencia alrededor de principios.
Quizá por eso resulta especialmente significativa la definición que acompañó en 2013 la concesión a Carvajal del Premio a las Libertades Juan Montalvo: “defensor inamovible de las libertades fundamentales, en todos los gobiernos”.
Ahí estaba una parte esencial de Iván.
Defender la libertad cuando gobiernan aquellos con quienes discrepamos puede resultar sencillo. La verdadera prueba llega cuando los abusos provienen de quienes alguna vez estuvieron cerca de nuestras ideas, nuestras simpatías o nuestras esperanzas. Iván entendía que los derechos fundamentales no cambian según el ocupante de Carondelet.
Su independencia intelectual fue también una de las marcas de su obra. Desde la poesía y la filosofía, desde el aula universitaria y el ensayo, ejerció durante décadas algo que toda democracia necesita: el pensamiento crítico.
Para Fundamedios, recordar hoy esos momentos de confluencia tiene también un sentido de gratitud.
En los años más duros de la confrontación entre el poder y las libertades, hubo ciudadanos que comprendieron que aquello no era simplemente una pelea entre un gobierno y determinados medios, periodistas u organizaciones. Lo que estaba en juego era algo bastante más elemental: si en Ecuador sería posible investigar al poder, cuestionarlo, denunciar sus abusos y expresar el desacuerdo sin sufrir represalias.
Iván Carvajal estuvo entre quienes lo comprendieron.
Tal vez exista una relación profunda entre esa actitud y su condición de poeta. Quien ha dedicado una vida a explorar las posibilidades de la palabra sabe también lo que ocurre cuando alguien intenta domesticarla.
Hoy Ecuador despide a uno de sus grandes poetas contemporáneos. Al profesor que formó generaciones. Al ensayista y filósofo que convirtió el pensamiento en una tarea permanente.
Desde Fundamedios queremos recordar, además, al ciudadano con quien tuvimos el privilegio de coincidir en momentos decisivos. Nuestros caminos se encontraron porque había algo que ambos considerábamos irrenunciable: la democracia, la dignidad de las personas y su derecho a pensar, escribir, crear, disentir y hablar en libertad.
Por esas coincidencias, por su voz y por haberla utilizado cuando hacerlo importaba:
Gracias, Iván.

