Historia de resiliencia de dos periodistas amazónicos que mantuvieron viva su radio incluso desde el exilio.
Pilar Nole y Juan Carlos Tito, periodistas amazónicos y fundadores de Radio Selva, fueron forzados al exilio tras graves amenazas relacionadas con su labor informativa en 2023. Aun fuera del país, han mantenido al aire su programación y el vínculo con su comunidad. Tras recibir el Premio Internacional de Libertad de Prensa 2025 del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), impulsan una campaña para sostener el medio de comunicación que han defendido durante 24 años. Desde Fundamedios reafirmamos la urgencia de proteger el periodismo en Ecuador.
Ecuador, 19 de noviembre de 2025.– En la Amazonía ecuatoriana nació una pequeña radio comunitaria fundada por Elvira del Pilar Nole y Juan Carlos Tito. Desde un estudio modesto y con recursos limitados, estos periodistas —además de ser esposos— hicieron del oficio una forma de servicio público. Su misión fue clara desde el primer día: informar con independencia, acompañar a sus comunidades y dar voz a quienes casi nunca son escuchados.
Con el tiempo, Pilar y Juan Carlos se convirtieron en referentes informativos en la zona. Radio Selva no solo transmitía noticias: abría espacios de participación ciudadana, denunciaba irregularidades en la gestión pública y promovía el diálogo sobre los problemas que atravesaban la vida cotidiana en la Amazonía. En un contexto donde la presencia del Estado suele ser frágil y el crimen organizado empieza a extender sus redes, su trabajo fue también un acto de valentía.
En 2023 comenzaron a recibir advertencias inquietantes. Una fuente vinculada al sistema judicial les alertó que sus nombres estaban en una lista de personas que “debían ser silenciadas”. Días antes, Juan Carlos había sido increpado en plena vía pública por un desconocido que lo acusó de “hablar demasiado” sobre la violencia que golpeaba a la región. Poco después, alguien lo fotografió al bajarse de su vehículo.
Las señales eran claras: la seguridad de la familia estaba comprometida. Pese al miedo, continuaron informando, pero el riesgo se volvió insostenible. En octubre de 2023, tras nuevas intimidaciones, solicitaron apoyo urgente a la Mesa de Articulación para la Protección de Periodistas (MAPP), una red conformada por organizaciones de la sociedad civil —entre ellas Fundamedios— que coordina rutas de protección y reubicación para periodistas amenazados.
A través de esta articulación, la familia recibió reubicación temporal, apoyo económico y acompañamiento integral: asesoría legal, seguimiento psicológico y apoyo educativo para sus hijas. No fue un proceso sencillo. Dejar atrás su territorio implicó también separarse de su comunidad, del paisaje y de una identidad profesional profundamente arraigada. Pero era la única manera de sobrevivir.
Al concluir el periodo inicial de protección, comprendieron que permanecer en Ecuador era inviable. Con la orientación de Fundamedios y el apoyo de organizaciones internacionales, iniciaron los trámites para solicitar refugio en otro país. A inicios de 2024 salieron de Ecuador en busca de un entorno seguro para empezar de nuevo en un país vecino. Allí intentaron reconstruir un mínimo de estabilidad, pero la vida volvió a golpearlos: Juan Carlos sufrió una emergencia médica en medio de un trámite en la embajada. Lo que parecía un cólico terminó siendo una pancreatitis severa asociada al estrés, que lo mantuvo durante 15 días en cuidados intensivos. Mientras estaba hospitalizado, se activó una alerta adicional: alguien pagó para obtener información sobre su estado de salud. Esto aceleró nuevas evaluaciones de riesgo y decisiones institucionales que facilitaron su proceso de reasentamiento.
Incluso fuera del país, recibieron una llamada con una advertencia: sabían dónde estaban y, a cambio de dinero o información, podían “guardar silencio”. Ya no era solo una amenaza: era extorsión a distancia.
El 13 de septiembre de 2024 llegaron a un nuevo país, con otro idioma. Allí recibieron apoyo inicial del Estado, incluido el acceso a clases intensivas de inglés y la cobertura de salud y educación. Un año después, esa ayuda terminó.
Hoy siguen enfrentando desafíos: la barrera del idioma, la búsqueda de empleo y la necesidad de estabilidad económica. Sus hijas, sin embargo, se han adaptado: una ha recibido un reconocimiento académico y la menor ya domina el idioma con fluidez.
Y, pese a todo, nunca dejaron de informar. Aun desplazados, con miedo y sin ingresos estables, Pilar y Juan Carlos mantuvieron encendida la radio. Desde Ibarra primero, desde Colombia después y ahora desde su nuevo país, han sostenido su programa matinal “Buenos Días América”, que se transmite de 07:00 a 09:00 conectándose a la cabina en Ecuador. Con el apoyo del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) lograron adquirir una consola más completa, un micrófono adecuado y una computadora. Pilar produce, gestiona la agenda y maneja las redes; Juan Carlos conduce y entrevista. Así, a miles de kilómetros de distancia, la comunidad sigue escuchándolos como si nunca hubieran salido del estudio original.
Sostener la radio, sin embargo, ha sido devastador en términos económicos. El estudio en Ecuador tuvo que cerrar durante varios meses. Luego intentaron que alguien lo administrara, pero esa persona también fue amenazada. La audiencia disminuyó, las pautas comerciales cayeron y el impacto financiero fue enorme. Aun así, hace tres meses una persona regresó al estudio y han logrado reactivar su presencia local.
“Construimos 24 años de credibilidad y nos negamos a perderla”, dicen. Hoy necesitan fondos para renovar la parrilla, cubrir producción y redes, mantener los equipos y mejorar la señal.
Pese a la precariedad, nunca rompieron el vínculo con su comunidad. Muchas personas en Ecuador ni siquiera sabían que transmitían desde el exilio: saludaban como siempre, seguían conectados, seguían ahí.
En medio del desplazamiento, su historia se convirtió en símbolo. Lo que comenzó como un caso de protección individual expresa hoy los desafíos que enfrentan periodistas locales en Ecuador: precariedad laboral, la ausencia de políticas públicas de protección y la normalización de la violencia contra quienes informan desde los márgenes. La MAPP registra, desde 2023, al menos 16 periodistas que han tenido que exiliarse debido a amenazas contra su vida.
Una luz en medio del desierto
En 2025, su historia cruzó fronteras. El Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), una de las organizaciones más reconocidas en la defensa de la libertad de prensa, les otorgó el Premio Internacional de Libertad de Prensa 2025, uno de los reconocimientos más importantes del sector. Este galardón no solo celebra su trayectoria y coraje, sino que también visibiliza a decenas de comunicadores y comunicadoras que, desde radios pequeñas, portales digitales o cabinas improvisadas, sostienen la democracia informando desde los territorios.
Cuando llegó la noticia, la emoción fue inmensa. “Lloramos”, cuentan. “Sentimos que alguien, por fin, veía lo que hacíamos. Que no estábamos solos”.
Desde Fundamedios celebramos este reconocimiento y honramos su historia como una de las más significativas del periodismo ecuatoriano reciente. Su caso recuerda que la protección de periodistas no puede depender únicamente de la solidaridad: requiere políticas públicas sostenibles, con presupuesto, coordinación interinstitucional y un enfoque de derechos humanos.
Hoy continúan con su proyecto comunicacional mientras buscan empleo y estabilidad económica. Están enfocados en que sus hijas terminen sus estudios, en fortalecer la radio y en construir una vida en seguridad tras años de peligro. Como concesionarios del medio, necesitan apoyo para asegurar su sostenibilidad. También esperan resolver deudas pendientes, como los pagos no realizados por los procesos electorales de 2023. Juan Carlos ha escrito un libro —crónica de su historia y su desplazamiento— y aspira a obtener financiamiento para publicarlo.
La radio sigue viva. Ellos siguen informando. Y Ecuador no los ha olvidado.
Actualmente, la emisora atraviesa una fase crítica de reconstrucción. Por ello han lanzado una campaña de financiamiento colectivo titulada “Mantengamos viva a Radio Selva”, con el objetivo de recaudar USD 50.000 para reactivar operaciones desde el exilio, actualizar equipos, rediseñar su sitio web y fortalecer su presencia digital. La iniciativa está alojada en GoFundMe. Cada aporte —grande o pequeño— es vital para que esta voz regional no se apague. Invitamos a colegas, organizaciones, donantes individuales y audiencias comprometidas con la libertad de prensa a sumarse y respaldar este proyecto de continuidad periodística.
