El 1 de octubre de 2016, el Superintendente de la información y Comunicación, Carlos Ochoa llamó la atención a Munir Ahmed Massuh, Gerente General del diario estatal El Telégrafo por el contenido una nota internacional titulada “El presidente filipino se compara con Aldolf Hitler”, el cual reseña el pensamiento del presidente de Filipinas sobre las medidas en su país en contra de la drogadicción y así mismo, comentarios en contra del presidente Barack Obama, a quien había insultado verbalmente.
A través de una carta, Ochoa aseguró que “la difusión de un lenguaje explícito que replica supuestas ofensas o agresiones verbales, dentro del ámbito de la política internacional, no contribuye a un ejercicio democrático y respetuoso de la libertad de expresión ni de pensamiento, sino, a crear modelos de comportamiento que influyen en la opinión pública de forma negativa, más aún cuando por naturaleza del medio, el acceso a este vehículo de comunicación es libre sin restricciones, para todo destinatario sin importar la edad, lo que impone una obligación mayor, en la observancia de la responsabilidad en la actividad comunicacional del Diario, por cuanto sus contenidos pueden encontrar como receptores a menores de edad”.
Al concluir el Superintendente afirmó que el medio debe estar consciente que “como prestadores de un servicio público, que manejan un bien público como es la información, los medios de comunicación deben orientar su actuación en los principios citados de responsabilidad y calidad, además de observar las obligaciones que el ordenamiento jurídico contempla para la ejecución de esta actividad, entre las cuales se encuentra propender a la educomunicación y en general atender, en un orden preeminente, la satisfacción de los derechos de los destinatarios de la información bajo el régimen, de responsabilidad y calidad…”
